jueves 6 de octubre de 2011

Invocación y Pedido al Guia Interno


La invocación (o “llamado”) al Guía Interno es la operación que se realiza para experimentar el registro de la presencia del Guía Interno. Esta se lleva a cabo cuando se siente la necesidad de entrar en contacto con el Guía Interno. En este

sentido, siempre la invocación al Guía Interno es también implícita o explícitamente un pedido.



En general, una ocasión de invocación es cuando se cree que las propias capacidades de sabiduría, bondad y fuerza interna no son suficientes para manejar una situación personal (o no personal) de la manera más apropiada.



Otra muy útil es la de invocar al Guía Interno para agradecerle por circunstancias positivas, propias o no, lo que veremos a continuación.



De manera que la frecuencia de tal invocación será muy variable según los individuos y en un mismo individuo, según las circunstancias e intereses.



Para comenzar la familiarización con el mecanismo sugerimos, como ejemplo, la práctica de la invocación en las siguientes situaciones:



1° al despertar

2° ante un posible peligro

3° ante un posible descontrol

4° como agradecimiento ante una situación feliz

5° al disponernos a dormir



Será importante grabar un modo especial y personal de invocar la presencia del Guía Interno, de manera que esta presencia se haga manifiesta rápidamente, sin mayores complicaciones. Cada cual deberá experimentar y encontrar su manera personal de hacerlo. Como “detonante”, se podrá apelar a una palabra o frase (evocada o pronunciada), un sonido (evocado o emitido), un gesto, una postura, un movimiento, etc. o a una combinación conveniente entre estos recursos. Es un acto de conciencia que involucra toda la persona.



He aquí un ejemplo entre muchos posibles:



“Examinemos ahora la forma del “llamado”, o invocación al guía. Se dirá mentalmente: “¡Oh, guía!”, o como se prefiera, pero en todos los casos la frase debe registrarse más abajo del aparato de fonación. Es decir, en el centro del pecho, donde trabajamos precisamente “la esfera transparente y luminosa” de la Experiencia de Paz. Practicar la invocación con registro en ese punto es de consecuencias muy diferentes a las de ejercicios con simples imágenes sonoras de emplazamiento habitual más alto en el espacio de representación. Se observará que la invocación estará ligada a la inhalación o exhalación del aire. Ello podrá resultar un apoyo de interés.”



Esto puede dar lugar a experimentación hasta dar con el procedimiento y recursos que mejor funcionen en nuestro caso. En todo caso, interesa lograr un grado de automatismo tal que, por la asociación establecida entre la presencia del Guía Interno y las imágenes, gestos, posiciones, sonidos, frases, etc., la invocación rápidamente produzca la presencia del Guía Interno asociada a ellas.





Pedido al Guía Interno



Generalmente, una vez realizada la invocación del Guía Interno y logrado el registro de su presencia, se procede a formular un pedido de algún tipo al Guía Interno.



A veces bastará con la sola presencia del Guía Interno para satisfacer las necesidades que motivaron la invocación. O sea, la presencia, con los estados internos asociados al Guía Interno y sus atributos, constituye de por sí la respuesta del Guía Interno.



A veces el pedido está implícito a priori en la misma invocación del Guía Interno como necesidad que busca ser satisfecha. En otras, los pedidos pueden tomar la forma de preguntas o solicitudes más o menos específicas, por las que se comunica al Guía Interno la necesidad y el consiguiente pedido de ayuda, de modo que el Guía Interno la satisfaga o nos ayude a satisfacerla: según las creencias de cada uno al respecto. La oración es un caso particular emparentado con el mecanismo de Pedido.

(...)



En todo caso el tono interno y la polarización afectiva que acompañan al Pedido harán una gran diferencia. Todo esto puede constituir motivo de experimentación personal, una vez configurado el Guía Interno.



El procedimiento conocido como “El regalo” o “La bocanada” es una manera simple y eficaz de efectuar el pedido. Su aparente simpleza no debe inducir a una errónea subestimación de los grandes beneficios que de su asidua práctica se derivan.



Existen también formas de pedido inexpresadas en los que el “silencio interno” constituye esencialmente un acto de pedido lanzado en la espera de una respuesta. Por ejemplo, luego de una reflexión intensa y profunda sobre alguna necesidad o aspiración muy sentidas.



En la medida de lo posible, conviene formular el Pedido de manera clara y precisa. Esto, de por sí solo, a veces aclara la comprensión lo suficiente para hacer que la presencia del Guía Interno no sea urgente con respecto al tema en cuestión.



Al hacer el Pedido ponemos atención a la espera de la respuesta a ese Pedido. Sin embargo, la respuesta podría llegar más adelante. En todo caso, una vez transcurrido un cierto tiempo, conviene desconectar completamente del tema y no

quedar presa de la ansiedad, la inquietud, etc. por la espera tensa de la respuesta.



“Este pedido lo haremos quizá con una suave emoción o con cariño, pero en todos los casos con atención. Y al poner atención en esa respuesta que debe llegar, generamos un “silencio” interno. Y al hacer “silencio”, gracias a ese “silencio”, tarde o temprano llega a nosotros la respuesta. “ (1)



Es de notar que la atención acompaña tanto al Pedido en sí como a la espera de la respuesta del Guía Interno.



“En el mecanismo del pedido, está el mismo mecanismo del Propósito (los actos repetidos en una dirección)”.(2)



“Con aquella “receta” no termina el aprendizaje sino que empieza. En aquella “receta” se dice que hay que pedir, pero ¿a quién se pide? Según lo que creas, según lo que creas..., según lo que cada uno crea, y cada uno tiene el derecho de creer lo que quiera... según lo que creas..., será a tu dios interno, o a tu guía o a una imagen inspiradora y reconfortante. Por último, si no tienes a quién pedir tampoco tendrás a quién dar y entonces mi regalo no merecerá ser aceptado.” (3)



Vistas así las cosas, ya el acto mismo de Pedido tiene un gran valor psicológico en sí mismo, independientemente de la satisfacción del objeto del pedido. El acto de Pedido contribuye a aclarar necesidades y aspiraciones, a producir un “silencio mental” que, a su vez, habilita respuestas no producidas por la habitual mecanicidad de la conciencia, predispone a una apertura para con los propios registros, una apertura hacia los demás cuando se pide por ellos, la imagen de lo Pedido (si acompaña a este) orienta y predispone a actuar por lo pedido.

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